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Mi experiencia en Sudáfrica, por Noemi Croac

Cada vez que pienso en Sudáfrica sonrío. Cuando hablo de este viaje también. Es imposible resumir esos días, pero hay tres palabras clave: tiburones, leones y elefantes. Pura adrenalina.

Gracias a Seven Blue pudimos adentrarnos en las profundidades en la zona de Durban. Simplemente montarse en la lancha se convierte en una aventura. Una vez que te sumerges puedes ver bancos de peces o tortugas de tamaños descomunales y otras pequeñas que no dejan de comer por mucho que las mires. Algún pez payaso se deja ver entre las anémonas dispersas, las morenas se esconden en recovecos rocosos y los peces león nadancon solemnidad frente a ti. Si hay suerte, aparecen los delfines siempre dicharacheros y sin parar de “cantar” y, de repente, varios meros del tamaño de una moto te acompañan y no se despegan de tu lado. Uno de ellos, reconocible por su mandíbula rota que le confiere un aspecto divertido, está en los selfies de la mayoría de los buceadores que se lo encuentran. ¡Qué majo!

Sin duda alguna, la atracción estrella es el buceo con tiburones. Ya en el barco se notan la excitación, las ganas y, ¿Quizá algo de miedo? ¡No! Una vez que saltas y te colocas en posición alrededor de las bolas de cebo solo esperas que vengan muchos y bien grandes. En algunas ocasiones toca esperar un poco, en otras te encuentras con los visitantes del grupo anterior, pero, en cualquier caso, las sensaciones no son fáciles de explicar. Se acercan a ti mirándote de reojo y acompañados de sus fieles rémoras, tranquilos y majestuosos. Esperábamos ver algún tiburón tigre o zorro, pero no importa, la cantidad de puntas negras que vinieron a saludar hicieron de esas dos inmersiones dos de los momentos más increíbles del viaje y, por qué no decirlo, de nuestras vidas.

Compaginamos unos días de buceo con visitas a un pueblo zulú, un paseo por la playa y cervezas y amarula en el Blue Ocean. Ir a comprar al supermercado se convertía en una experiencia y había que tener cuidado con los monos que son preciosos, pero… ¡También ladrones expertos!

Después, nos fuimos de Safari a Nambiti. Viajando en autobús y recorriendo las carreteras, se puede captar mucho de Sudáfrica y de sus inmensos desequilibrios que se plasman en rascacielos y chabolas. Visitamos el monumento y museo a Nelson Mandela, figura clave de la historia de todo el continente africano y llegamos a un lugar que nos dejó la boca abierta. ¡Qué resort tan bonito y con tantos detalles cuidados!

En los safaris hay que ser paciente, estando en medio de la naturaleza, no podemos elegir qué animales van a encontrarse en el camino. Ver las leonas con sus cachorros a unos metros de distancia, dejar pasar a tu lado una manada de ñus o un grupo de jóvenes leones y tener que parar el coche para que crucen los facóqueros con sus colas levantadas y seguidos de sus crías son recuerdos imborrables. Un búfalo nos saludó agachando su cabeza; un camaleón no consiguió camuflarse lo suficiente y los rinocerontes nos enseñaron sus grandes posaderas. Las crías de hipopótamo parecían disfrutar de un spa en un pequeño lago y las arañas gigantes de mil colores habían tejido sus telas por todas partes.

El momento más emocionante fue en el que nos topamos con un grupo de elefantes de distintos tamaños. Jugaban al lado del camino cuando, de pronto, el más grande, enfadado, se escondió corriendo entre la maleza. Los guías reaccionaron rápido, moviendo los coches con agilidad y avisando a los compañeros para evitar peligros. Mientras lo escribo,todavía siento esa tensión y, a la vez, absoluta felicidad. Parecía un documental de David Attenborough, pero era real. Después, un elefantito estuvo jugando con nuestro coche haciendo las delicias de todos los que estábamos allí.

Podría seguir contando las cosas ricas que comimos, los ratos en la hoguera compartiendo experiencias y música o los paseos, pero lo mejor es que seáis vosotros los que lo viváis en primera persona.

Hace ya semanas que volví y aún sigo con una energía indescriptible. Sudáfrica es un país salvaje y lleno de aventuras y, con Seven Blue, las vivimos todas.

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